Personas muy importantes

A veces zapear buscando algo que ver en la tele te sumerge en submundos que nunca pensaste que fueras a descubrir. Especies extrañas que viven en un hábitat más extraño todavía y que luchan entre ellos para sobrevivir y conseguir algo para comer. Al final te quedas viendo ese canal más tiempo del previsto intentando comprender situaciones y conductas que eran desconocidas para ti.

Y no es que haya puesto un documental en la 2, para nada, es que he caído en Gran Hermano VIP. Vaya pandilla.

Comprendo que “por dinero baila el perro” pero de verdad, prefiero ver perritos bailando a esta gente exponiendo su privacidad, su vida y su cara sin maquillar a la luz pública. No veo la necesidad, la nuestra, la de ellos es obvia.

Por dinero baila el perro y el gato también.
Por dinero baila el perro y el gato también.

Sobre todo porque son personas que a ver qué es lo que aportan a la humanidad. Nada. No es que vea bien un Gran Hermano de premios Nobel, pero por lo menos que fueran personas con un “poquito” de formación, de cultura, de interés en general. Que tuvieran algo que aportar, por supuesto que todos tenemos algo que aportar pero … ¿de verdad os aportan algo estas personas?. A mí lo que me aportan es mucho nerviosismo si los veo y mucha vergüenza ajena. Pobres.

Luego está el concepto de VIP. Very Important Person. Persona MUY importante. ¿Para quién?. Para su familia, por supuesto, y poco más. Estamos perdiendo la noción de la importancia. O la noción simplemente. La noción de todo.

El caso es que me parece aburridísimo. Para ver gente sin interés peleando entre ellos por un momento de gloria ya tengo mi trabajo. Por eso cuando salgo de mi Gran Hermano laboral prefiero hacer otras cosas que no me recuerden la miseria humana en todo su apogeo.

Y vosotros: ¿Veis GH VIP? ¿Qué os parece? Se aceptan opiniones.

ghvip

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La chica de ayer 

Lo que te imaginas que será la vida casi nunca (hay excepciones) acaba coincidiendo con la realidad. No me planteo por qué, entre otras cosas porque no es sano y porque en esta vida siempre hay que mirar al frente. A fin de cuentas la vida es sorpresa, cambio, evolución. A veces esta evolución es para bien, otras para mal o simplemente para quedarte como estabas.

Lo importante y difícil a la vez es saber disfrutar de lo que te va dando la vida, adaptarse y ver lo bueno de cada situación.

Claro que no siempre es así, que no somos “Hello Kitty”, que somos personas y a veces te frustras, te quejas, te indignas y te hundes.

Total que me estoy enrollando y no paro de dar vueltas a lo mismo.

Y lo único que quiero es compartir un momento que estoy viviendo ahora, mientras escribo tanta tontería, ya, hoy.

Mis sueños siempre fueron algo distintos. De niña soñaba con ser escritora o arqueóloga. Me imaginaba en plan Indiana Jones pero con faldas. Trabajando en el Museo Británico (siempre Londres) y escribiendo grandes tochos que nadie leería. Pero también tenía otro sueño (hoy parezco Martin Luther King). Un día leí en una revista una entrevista con una joven escritora que vivía en Malasaña. A ver, yo tenía 13 años, en plena transición, y entonces la vida bohemia era fascinante para una niña bien de provincias. Decidí que quería ser escritora y vivir en Malasaña, que no sabía dónde estaba pero me sonaba muy bohemio.

Resumiendo, que soy un poco persiana y me enrollo: a la niña bien el destino le desbarató los sueños y nunca llegó a bohemia. Aunque siempre estará muy orgullosa de todo lo conseguido, que una cosa no quita la otra.

Bueno, pues hoy 30 de diciembre de 2015 estoy en Malasaña sentada en un café, vestida de negro, con los labios pintados de morado (fíjate que plan) y escribiendo. Y estoy en paz porque la niña bien de 13 años al final está haciendo lo que quería. Es un día, un momento…pero un sueño cumplido.

Moraleja: No desesperes, al final los sueños se cumplen de una manera u otra.

“Un día cualquiera no sabes qué hora es…”

FELIZ 2016 Y QUE SE CUMPLAN TODOS VUESTROS SUEÑOS.
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OverBooking

Tiene toda la pinta de que voy a escribir un post de indignación con las compañías aéreas que venden más billetes de la cuenta y luego llegas y no te puedes subir al avión. Podría, incluso debería, pero no va de eso. Aunque aprovecho para decir que tiene guasa que te vayas de vacaciones con toda tu ilusión y no te puedas subir al avión. Que una va con una programación muy elaborada y van y te lo trastornan todo.

Sobre las compañías aéreas podría escribir mucho, largo y tendido. Pero no me apetece indignarme hoy.

aeropuerto

De lo que quiero hablar es de libros, de lectura y de mi mente atascada y dispersa. Todo en uno. Por eso me permito hacer el juego de palabras con overbooking. Booking en inglés significa reserva y overbooking es un exceso de reservas y de ahí que te quedes fuera del avión con una mala leche en lo alto que cuando llegas al mostrador de la compañía aérea pareces la niña del exorcista. Pero book significa libro y lo que tengo es un overbooking de libros, que de momento no voy a coger ningún avión y de todas formas si voy en avión voy leyendo siempre, así que ya está todo hilvanado.

Hay tantos libros por leer, tantosssss.

Tampoco es que sea una erudita de estas que leen cosas profundas, para nada. Lo mío son  los best-sellers, los libros de misterio y las novelas de sagas familiares. Bueno, leo de todo pero sobre todo leo. Mucho, cuando puedo, si puedo.

Afortunadamente la era digital me facilita el trabajo. En mi ebook puedo llevar una biblioteca completa vaya donde vaya. Si voy de viaje puedo aguantar una espera larga en un aeropuerto porque me dejen tirada por overbooking y tenga que esperar al siguiente (hoy hilvano que da gusto). Antes te ibas de viaje con una novelita que pesara poco y cuando se acababa te quedaba un vacío espiritual que no veas. Tampoco vas a llenar la maleta de libros, que con eso del equipaje de mano llevas lo justo (realmente he de escribir sobre las compañías aéreas, hay mucho de que hablar). Amazon está en mi escala de valores casi a la misma altura que Zara, no os digo más.

Pero mi problema no tiene que ver con los libros, tiene que ver con mi cabeza. Creía que me cansaba leyendo por la vista y me compré unas gafas de cerca. A ver, lo de la vista lo achaco a que llevo muchos años delante de un ordenador, que conste, que la edad también pero menos, que quede muy pero que muy clarito.

Pues no era eso, es que tengo muchas cosas en la cabeza, mi mente está en mil cosas y no me concentro. Empiezo a leer y al ratito me levanto y me voy a hacer otra cosa. ¡Qué inquietud vital más tonta!.

Recuerdo aquellos domingos en los que me tumbaba en el sofá con un libro y no paraba hasta que lo acababa. Ay.

Pues no, ahora no. Que si una lavadora que tender, que si hacer la cama, que si, que si….

En resumen, que lo de la vista puede ser por el ordenador pero mi cabeza lo que está es mayor y cansada y eso sí es por la edad. Hay que asumirlo. Pero que conste que mi mente sigue ágil que hay que ver lo bien que he hilvanado lo del overbooking ¿no?.

Y ahora me iba a poner a leer pero con tanto hilvanar con el tema de los aviones me he puesto de muy mal humor y no estoy para nada.  Es que tiene guasa.

A ver si aguanto un rato así.
A ver si aguanto un rato así.

 

Los duros a peseta

Nadie da duros a peseta entre otras cosas porque ya no existen ni unos ni otras. Por otra parte las cosas gratis o muy baratas al final acaban saliendo caras, por el motivo que sea pero caras al fin y al cabo.

En Primark no dan duros a pesetas, no dan nada en realidad, tienes que pagar lo que compras.

Hago esta advertencia porque resulta que he estado este fin de semana en Madrid y al pasar por el recién inaugurado Primark de Gran Vía me he quedado patidifusa, pero muy patidifusa: La cola daba como tres vueltas al edificio. Para entrar. Sólo para entrar.

Por favor.

Mi relación con Primark viene de lejos, de mis viajes a Londres. Cuando entré por primera vez en el Primark de Oxford Street casi me vuelvo loca, estuve a punto de facturar tres maletas más (que hay unas maletitas muy monas en Primark) pero me contuve. Cuánta cosa barata y mona. Los pijamas, los calcetines, bolsos, camisas, abrigos, todo. No tengo palabras. Además de aquellas en España no se conocía y le decías a la gente que todo aquello era de Londres y quedabas la mar de bien. ¡Qué tiempos aquellos!.

He sido muy adicta a Primark. Lo reconozco. Cuando voy de viaje a una ciudad miro a ver si hay Primark y lo pongo en la lista de cosas a visitar. Soy así de superficial y low cost. Si es que fui a Liverpool y tengo mejor recuerdo del Primark que del museo Beatles. Yeah.

No paso ni por delante de Harrods, ¿para qué? pero un Primark…. Soy como Lady Di pero en versión barata.

Luego vino la siguiente fase: abrieron un Primark a un cuarto de hora de casa. He de decir que si no hubiera conocido el de Londres probablemente no habría entrado en el de Jerez porque soy muy reacia a ese tipo de tienda mogollónica. Pero lo conocía y …entré, compré, en fin…

En U.K. digo “PRAIMARK” y en Jerez digo “PRIMARK”. Esa es la única diferencia. Por lo demás, jamás he tenido más pijamas de invierno ni más calcetines. De los trapos de cocina y las toallas ya ni hablo.

Claro que no es lo mismo ir una vez al año a Londres y comprar tres cosas que comprarlo todo allí. A la larga descubres que la ropa no dura más de una temporada, a no ser que no la laves y de eso nada que una es muy limpia. Cuando sacas la ropa de un año para otro no tienes nada en condiciones.

Acabas volviendo a tu Zara de toda la vida (Amancio I love you), porque lo bonito de estas cosas es cuando son exóticas y británicas. Una vez que se vuelven cotidianas pierden toda la gracia.

Así que bye bye Primark. Algún día entraré en el de Madrid y compraré, lo sé. Pero de momento voy a esperar.

NO REGALAN NADA y me niego a estar horas en una cola. Es para pensar en ello y dar opiniones sobre lo absurdo del tema, pero para eso no tengo ganas ahora mismo. El análisis ya lo están haciendo en la prensa. Lo mío es más  hablar de las compras que hago.

¿Necesitaré pijamas? Voy a tener que ir … porque…. La decoración navideña me vuelve loca ….

La cola de Primark Gran Vïa, sábado 24 de octubre de 2015
La cola de Primark Gran Vïa, sábado 24 de octubre de 2015

De amor ya no se muere.

Es el título de una canción romántica de “mis tiempos” (algún día escribiré sobre eso de “los tiempos” pero hoy no es el día).

Hay cosas de las que no me gusta escribir porque, aunque lo parezca, no me gusta hablar de lo que duele, aún. Pero resumiendo os diré que he visto morir de amor y de ausencia. ¡Qué bonito es el amor! Pero… que dura es la vida que te dejan. En fin.

Que hoy de lo que quiero hablar es de todo lo contrario: por amor se sigue viviendo.

No me etiqueto como feminista porque no me gustan las etiquetas ni ser radical pero sí que tengo muy claro que somos todos (y todas por aquello de seguir el lenguaje igualitario que no entiendo mucho pero que también hablaré de ello) iguales para todo. Pero TODO.

Y en contra de mis principios igualitarios (que una es así de contradictoria) llevo muchos años diciendo que las mujeres somos más fuertes para enfrentarnos a la soledad. Entendiendo como soledad el vivir sin tener al lado a la persona con la que han compartido todo en la vida: viudas, divorciadas, solteras, etc …si hay un etc.

Resulta que no se puede generalizar, que es la verdad más absoluta que existe y que deberíamos tener siempre presente.

Es muy duro vivir sin la persona que lo ha sido todo para ti pero la vida es así (tiene huevos, con perdón). Y nadie debe de dejar de vivir por una ausencia por mucho que duela. Que duele tela.

Pues eso, que hay que tener dos cojones (con perdón otra vez) muy bien puestos para seguir hacia delante y empezar una nueva vida. A pesar de la edad, que no es lo mismo a los 20 que a los “taitantos”, a pesar de tu rutina, a pesar de todo.

Estoy muy orgullosa de querer mucho a una persona que es así y que además sé que me lee aunque a veces opine lo contrario a lo que digo.

Pues a esa persona le dedico este rollo de hoy. Bueno, a él y a la que hasta el final no paró de decirle cuál era el camino que tenía que seguir.

¿Es una lata el trabajar?

Pues sí, lo es, “todos los días te tienes que levantar” y … ¿aparte de eso? Muchas cosas.

El trabajo es un derecho y una obligación. No me quiero meter en temas de política y economía porque no entiendo como para escribir y porque si me meto… uf… no acabo. En la etapa anterior (hace unos meses) de este blog me prometí no hablar de política ni religión e intenté cumplirlo. Ahora os digo que no sé si podré. Si me cuesta perder seguidores lo entenderé porque la opinión de cada uno es libre y no quiero ofender a nadie.

Dicho esto sigo. Que sí, que el trabajo es una lata. Pero…

Llevo 31 años trabajando (empecé muy muy joven, que quede claro), no soy arqueóloga que es lo que hubiera querido ser pero la vida me cambió el destino o el destino me cambió la vida, no tengo claro el orden.

Todo lo que tengo en mi vida hoy en día lo tengo gracias a mi trabajo. Al que llegué sin querer pero como soy adaptable quise sin querer.

El destino no evita que en tu camino laboral y personal aparezcan personas cuyo interés sea hacerte hundir en la miseria y anularte.

He pasado y pasaré por esa situación (estas cosas no acaban de un día para otro) pero al final la vida es lo que es. Un camino imprevisto en el que las circunstancias se ponen a tu favor o en contra.

Total, que en este desvarío de hoy sólo quiero dejar claro unas ideas que llevo dando vueltas hace tiempo:

1.- Cuando tu trabajo te ocupa el tiempo es la mejor terapia para olvidar tu vida.

2.- Que una (o uno) sólo puede presumir (y tampoco que no queda bien ser presuntuosa) de lo que ha conseguido con su trabajo. Que ir de “señora de” es , en mi opinión, muy pero muy indigno.

3.- Que a veces tienen que venir de fuera para confirmarte que no eres la inútil que han intentado hacerte creer. Que vales mucho y lo sabes.

4.- Que el hacer tu trabajo lo mejor posible vale más que la ambición a costa de pisotear a otros, al menos para mí vale muchísimo más. Y la experiencia y la educación siempre estarán a tu favor.

5.- Muchas gracias a todos los que me acompañáis a pesar de todo, nunca dejaré de darlas.

6.- Y que como decían los Beatles (forever): “al final el amor que recibes es igual que el amor que has dado”. “And in the end, the love you take is equal to the love you make”. Claro, los beatles que iban a decir, que ellos estaban forrados y colocadísimos de aquellas. Las criaturas.

7.- Ah, y por último: el trabajo es un derecho y una obligación de hombres y mujeres. No dejes nunca que nadie te diga que no trabajes ni dejes que nadie te mantenga. Eres libre y puedes y debes.

 

Pero..volveré, de nuevo…

Hace unos meses dejé de escribir aquí porque empezaba a sentir que me quedaba sin temas. Decidí parar por un tiempo y seguir escribiendo de otra manera, pero no he dejado de pensar en este blog que tantas alegrías me ha dado. Por eso he decidido volver (“I’ll be back”, que decían los Beatles).

Me he estado planteando la temática releyendo todas las entradas que escribí y he decidido cambiar algunas cosas. Eso de centrarme en los cuarenta y en temas como ropa, maquillaje me ha parecido un poco superficial. Cuando tienes más de 40 ya no viene a cuento que una “inspirada” como yo te diga lo que tienes que ponerte o las cremas que te pueden ir bien. Que ya nos conocemos y sabemos qué hay que hacer y ¿quién soy yo para decirle a nadie lo que le conviene?. He sido un poco pretenciosa, lo reconozco.

Al fin y al cabo lo que me gusta es escribir sobre la vida, las experiencias (buenas y malas), los sentimientos y para eso da igual la edad que tengas ¿no?.

Pues eso, que de vez en cuando os daré la lata con mis tonterías. Si me lo permitís. Gracias.

El blog se sigue llamando “El nuevo negro” porque me encanta esa expresión que utilizan las revistas de modas para describir cuando algo es nuevo pero se convierte en básico y necesario. Pero ya no son los 40 el nuevo negro. Ahora “La vida es el nuevo negro”.

Gracias por leerme.